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El ahora vicepresidente del Senado, Francisco Huenchumilla, en diálogo con El Mostradorabordó las diferentes dimensiones de la crisis política que ha enfrentado su partido- la Democracia Cristiana (DC)- durante la última década. A juicio del parlamentario, “la DC ha vivido los últimos años un proceso de deterioro, producto de que ya no somos el gran partido de los años 90: hoy estamos reducidos a 5 diputados y a 3 senadores”.

Una realidad crítica acrecentada por la fuga- sucedida en octubre de 2022- que incluyó a históricos e importantes militantes como al gobernador de la Región Metropolitana (RM), Claudio Orrego, y al ex ministro en los gobiernos de Patricio Aylwin y Michelle Bachelet, René Cortázar. Todo esto en medio de la tensión interna a causa de la decisión del partido de inclinarse por el Apruebo en el pasado plebiscito constituyente, profundizando la severa fractura que ha terminado por exponer la pugna entre aquellos dos mundos irreconciliables y distantes. Dos mundos que eran encabezados por las senadoras Yasna Provoste y Ximena Rincón, que hasta la salida de esta última del partido, funcionaban como “generalas” completamente enfrentadas entre sí.

De hecho, hay quienes como el senador Matías Walker, que acusan a Provoste de actuar de forma autoritaria, imponiendo términos, ejerciendo un grado de poder, que según cree el parlamentario, no tiene ningún grado de contrapeso al interior del partido. Al respecto, Huenchumilla, aliado natural de la ex candidata presidencial de la DC en el Senado, dijo que no es bueno “personalizar los debates políticos”, y precisó que el hecho de que una sola persona pueda ejercer una especie de rol autoritario es algo que no corresponde a una visión objetiva.

Además, el histórico militante falangista aclaró las diferencias entre su visión política y la del Gobierno, e intentó disipar dudas en cuanto al rol que debiese cumplir y el lugar donde se debería posicionar la DC, a partir de ahora. “Hoy día no existe esa cosa bipolar entre el capitalismo y un desafiante, por lo que la DC tiene que aceptar que hoy día el capitalismo triunfó en todas partes del mundo, y que lo que estamos tratando de hacer, frente al neoliberalismo y al capitalismo, es tener un Estado Social y Democrático de Derecho”, afirmó el parlamentario por la Región de la Araucanía.

-¿Cuál es su análisis sobre la situación política interna en la DC durante los últimos años? ¿Cuál cree que debiese ser, a partir de ahora, el “gran desafío” que movilice la labor del partido?

-La DC ha vivido los últimos años un proceso de deterioro, producto de que ya no somos el “gran partido” de los años 90: hoy estamos reducidos a 5 diputados y a 3 senadores. Y además, hoy enfrentamos el desafío de hacer una modernización de su programa político, de sus programas electorales, en su organización interna, y en su visión acerca de como se inserta en este mundo cambiante. Creo que ese proceso es un importante desafío para la DC, en su búsqueda por superar esta situación crítica que hemos estado viviendo en los últimos años, sobre todo. Ahora corresponde preguntarse si un partido que se ancla en el cristianismo tiene algo que decir en este mundo. Ese es el gran desafío que tiene hoy la DC: el como da un salto adelante y se posiciona en el siglo XXI, en un mundo que es muy distinto a aquel que le dio sus mejores triunfos, como fue por ejemplo en la década del 60 y después con el retorno de la democracia. Ese es el desafío que tiene, a mi juicio, la DC.

-¿Qué opina de aquella hipótesis que plantea la convivencia interna de dos sectores fuertes en el falangismo, entre un grupo comandado por usted junto a la senadora Provoste- con una ideología más cercana a la centroizquierda, e incluso, el oficialismo- y otro grupo más vinculado a la tradición DC? ¿Pudo contribuir aquella división a la crisis interna expresada en la reciente fuga de militantes?

-En ningún partido existen las unanimidades, creo que todos los partidos tienen grupos o sub grupos que pueden tener visiones distintas sobre muchas cosas. Entonces, un partido político por esencia es un lugar de debate de ideas y de visiones que se tienen en el país. Por lo tanto, eso no me llama la atención, lo importante es que las distintas visiones y grupos puedan tener un común denominador, respecto primero de su ideología y los valores que tienen, y del método democrático interno a través del cual se resuelven los problemas. Y por lo tanto, si hay un mínimo común denominador eso se puede encaminar; pero cuando hay una fuerza centrífuga, donde cada cual quiere apoderarse del partido para su particular punto de vista- deteriorando la democracia interna- es que suceden este tipo de problemas.

Pienso que la DC no tuvo la virtud de poder encausar las diferencias que había, y por eso se produjo esta fuga y todo lo que hemos presenciado en los últimos meses. Y es por eso que digo que la DC tiene el desafío de pararse a partir de toda esta cris, transparentando su propuesta de ideas y de reorganización interna a lo largo del país.

-¿Qué opina de los dichos del senador Walker en relación a que el poder de Yasna Provoste no tendría “contrapeso” al interior de la DC? ¿Qué tanto nivel de control e influencia posee la ex candidata presidencial en la interna falangista? 

-Creo que no es bueno personalizar los debates políticos, porque si uno ve a la DC de los 90 hacia adelante, uno pudiese nombrar entre 10 y 15 personas que siempre tuvieron una gran influencia en el partido, entre ellos también la familia Walker. Entonces, decir que ahora una sola persona (Yasna Provoste) ejerce una especie de rol autoritario, es algo que me parece que no corresponde a una visión objetiva, porque la DC ha tenido grandes liderazgos y a personas muy influyentes- unas más que otras- y, por lo tanto, siempre van a existir ese tipo de liderazgos.

No creo que la senadora (Provoste) sea la responsable de la crisis que ha tenido el partido y de que algunas personas hayan emigrado del partido. Quienes se fueron del partido lo hicieron porque, fundamentalmente, son personas más inclinadas a la centroderecha, que a la visión política tradicional que ha tenido el partido. Entonces, yo creo que esto es propio de un debate interno, y lo que tiene que hacer la DC es modernizarse y tener una organización partidaria y una visión acerca de los problemas de la sociedad y la economía, acorde con la realidad del siglo XXI.

-A su juicio, ¿Pudo contribuir al acrecentamiento de dicha crisis interna, la explosión mediática del conflicto o enfrentamiento entre las senadoras Yasna Provoste y Ximena Rincón? ¿Se pudo manejar mejor dicha situación?

-Es que los partidos tienen que tener mecanismos para procesar las diferencias que pueden existir, y de todo tipo, entre destacados militantes. Y creo que la DC tiene una organización que se quedó en el pasado, y que debe modernizarse, porque una organización partidaria es clave para que un partido funcione bien, con militantes participativos y deliberantes, que tengan formación política y que participen en debates. Esto resulta clave para que la democracia interna funcione en propiedad, y de esa manera ir procesando las diferencias. Si no es así, la identidad partidaria se quiebra y cada uno parte por su lado, y eso trae consigo las crisis que estamos viviendo. Es lo mismo que sucede en la Cámara de Diputados o en el Senado, que tienen que tener mecanismos para procesar diferencias y tomar decisiones. Entonces, cuando los partidos políticos se fragmentan, cuesta mucho hacer ese procesamiento y tomar dichas decisiones.

-¿Y subsanar diferencias para qué? ¿Cuál es el paso siguiente para un partido en evidente tránsito?

-Creo que la DC nace como una alternativa política, en un escenario mundial en que la lucha era entre el capitalismo y el comunismo. Esa lucha acabó con la caída de los socialismos reales y la globalización, pero los grandes triunfos de la DC fueron en el gobierno de Eduardo Frei Montalva, en un mundo polarizado. Una polarización que trajo muchas desgracias en el mundo y que en Chile terminó, lamentablemente, con el golpe de Estado de 1973. Pero cuando recuperamos la democracia estábamos en un mundo distinto. Hoy día no existe esa cosa bipolar entre el capitalismo y un desafiante, por lo que la DC tiene que aceptar que hoy día el capitalismo triunfó en todas partes del mundo, y que lo que estamos tratando de hacer, frente al neoliberalismo y al capitalismo, es tener un Estado Social y Democrático de Derecho.

-¿Y si comparten dicha idea matriz del discurso ideológico del Gobierno? ¿Entonces en que se diferencian? 

-La alternativa que nosotros promovemos implica aceptar la economía de mercado, pero no aceptar al mercado en cuestiones sociales como la salud, la educación, las pensiones, o el medio ambiente, entre otras. Entonces, bajo esa lógica, la pequeña y mediana empresa debe ser parte de la DC, y para eso es necesario que no le tengamos miedo al emprendimiento y a la participación del sector privado en la economía. Entonces, es un mundo distinto que nosotros aún no hemos asumido, y que creo que tenemos que asumir.

-¿Cuál es su visión acerca del Gobierno y sus desafíos hacia adelante? ¿Cómo debería enfrentar el Ejecutivo éste, su segundo año de gestión? 

-Hoy día tenemos a un Gobierno encabezado por una nueva generación de políticos, a los cuales el país les entregó la conducción del Estado, y esa experiencia partió con gran entusiasmo, pero después aterrizó drásticamente, porque se dio cuenta de que aparte de la energía de la renovación se requiere de la experiencia. Entonces, frente a eso, se vuelve a repetir el viejo método de la democracia, que es la conversación, el diálogo y la búsqueda de los acuerdos. Porque lo que perseguimos es avanzar, pero al mismo tiempo tener estabilidad política, evitando tener grandes frustraciones. Pero buscamos estabilidad política para lograr desarrollo económico y tener paz social, que son los grandes objetivos que debiese tener todo Gobierno, y que debiese tener la oposición también, porque más allá de tener opiniones distintas, ellos entienden que estamos viviendo en democracia, y vivir en democracia supone eso.

-Usted fue uno de los impulsores del apoyo de la DC al Apruebo en el fallido proceso constituyente. A partir de ahora, ¿Cómo enfrenta este nuevo proceso? ¿Cuáles son sus expectativas?

-Son procesos distintos. En este segundo proceso yo creo que estamos todos interesados- no solo la DC sino que el conjunto del mundo político- en que esto funcione bien y podamos estar todos por el Apruebo, porque si nos volvemos a dividir, va a significar entonces que este proceso no será bien llevado, lo cual sería malo paro para el funcionamiento de la democracia.

-¿Siente que el Gobierno y la centroizquierda están presionados a terminar con este proceso de una vez por todas, porque es parte también de su propia agenda política y sus propios compromisos electorales? 

-Yo no veo esto como algo coyuntural del Gobierno. Yo creo que este proceso constituyente es una cuestión que compete al conjunto del país, tanto a los partidos oficialistas como de oposición, a Chile entero, porque de lo que se trata es que la gente sienta que en medio de todas estas vueltas que nos hemos dado, el producto sea algo que tenga legitimidad, y que avance en las dudas que ha dejado la Constitución de 1980 y el proceso fallido del 4 de septiembre. Entonces, más allá de lo meramente académico que pueda significar este proceso con la participación de los expertos y una serie de resguardos que se han tomado, el gran desafío que tiene este Consejo Constituyente y este nuevo proceso es presentarle a la ciudadanía algo que sea bueno y que responda a sus principales dudas y demandas.

Porque si tenemos una Constitución que se vaya al otro lado, que sea “gatopardezca”, y por lo tanto, no se cambie nadie y se haga simplemente un retoque, entonces estamos encubando la posibilidad- subterráneamente- de que queden ahí los problemas y en algún momento esto vuelva a surgir. Entonces, por eso creo que esto va más allá del interés programático del Gobierno y de lo que pueda querer la oposición, es el país que necesita cerrar este proceso de una vez por todas, sobre todo este año, que estamos conmemorando 50 años del golpe de Estado. La idea es que con este nuevo proceso constituyente cerremos un capítulo y demos un salto adelante con las reglas del juego que estén legitimadas y aceptadas por la gente.

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